Hay ocasiones en que la nostalgia nos lleva a la añoranza de tiempos pasados en nuestro deporte. Una época que nunca olvidarán los aficionados al automovilismo serán los años ochenta, especialmente por la participación de los vehículos denominados de Grupo B, coches que sobrepasaban los 300 y 400 caballos de potencia, mostrándose altamente espectaculares para los aficionados.
Se llegó a decir que "las máquinas eran muy superiores al hombre", que "no había piloto que pudiese contener tanta potencia en sus manos, porque el coche siempre daba más de lo que el piloto exigía o podía controlar". Lógicamente eran un espectáculo visual, pero todo un sobreesfuerzo para los pilotos y, a la postre, un problema de seguridad. No existían los controles de tracción electrónicos que tenemos hoy día, ni siquiera sistemas de control electrónico que ayudaran a la conducción. Ver a un piloto conducir un vehículo de estos desde el interior era ver una lucha constante con la caja de cambios, los pedales y el volante. ¿Qué diría un piloto de la generación actual si tuviese que conducir al límite con una de esas "bestias" sin nisiquiera una mísera caja de cambios secuencial? Realmente son otros tiempos.
Varios accidentes, y especialmente el que causó la muerte de una de las jóvenes promesas del automovilismo mundial, Henri Toivonen, terminaron por exterminar los Grupos B del mundial de rallyes a partir de 1987, pero siempre nos quedarán imágenes imborrables de aquella época.
España también tuvo su época dorada de vehículos de Grupo B, e incluso Canarias llegó a ver un importante listado de vehículos de esta categoría en sus rallyes. Hoy día, muchos de esos vehículos se conservan como joyas de museo. Realmente formaron parte de una parte de la historia que nadie quiere olvidar y que muchos añoran.






